El Guesa Errante

 

La inspiración de este proyecto proviene del poema El Guesa Errante, y de su autor, Sousândrade. Contemporáneo de Baudelaire y verdadero patriarca de las vanguardias Brasileras, Joaquim Manuel de Sousa Andrade (1833-1902), escribió EL Guesa su obra más importante, entre 1858 y 1888, como una epopeya dramática narrativa organizada en 13 Cantos, de los cuales permanecieron inacabados los cantos VI, VII, XII, y XIII. Épico íbero-americano, el poema narra la tragedia del Guesa, personaje legendario recogido del culto solar de los indios Muyscas de Colombia.

El Guesa, cuyo nombre significa errante, sin hogar, era un niño robado a  sus padres y destinado a cumplir el míto de Bochica, el Dios-Sol. Educado en el templo de la divinidad hasta los 10 años de edad, debería seguir las sendas del trayecto de Suna, hasta el sacrificio ritual a los 15 años, cuando seria atado a una columna - un marco equinoccial instalado en una plaza circular - y muerto a flechazos. Delante de los sacerdotes -también llamados xeques - su corazón era arrancado y entregado como ofrenda a Bochica, siendo su sangre recogida en vasos sagrados. Completada la ceremonia, se abría así una nueva indicción o un ciclo astrológico de 15 años, con el rapto de otro niño - un nuevo Guesa - que debería sucederle a la víctima inmolada.

Constituyendo unidades estilísticas autónomas, fueron integrados a la narrativa dos momentos de infierno, construidos como una Walpurgisnacht en diferentes escenarios del Nuevo Mundo. En cuanto El Infierno de Wall Street, presenta  una visión vertiginosa del apogeo capitalista, en el siglo XIX, bajo la forma de un montaje de periódicos de la época, citaciones, referencias mitológicas e históricas, en una atmósfera de zarabanda infernal,  en el escenario de la bolsa de Nueva York, la danza-pandemónium del Tatuturema se inicia a las márgenes del Rio Solimões durante una celebración en homenaje a la entidad mitológica Jurupari, un legislador que remonta el antiguo mito de las Amazonas.- 

En cuanto están sentados alrededor del fuego, los nativos cantan una canción trágica y melancólica, que dice: “con la llegada de los blancos nuestras mujeres fueron raptadas, nuestros hijos esclavizados y nuestras tierras robadas. En cambio recibimos una civilización corrupta administrada por políticos deshonestos que introdujeron en nuestro medio las dolencias, la lujuria, y una religión hipócrita, predicada por sacerdotes sin Dios”. Durante la danza salvaje de Tatuturema, que es descripta como la “disolución del infierno en movimiento”, desfilan los indios antropófagos y aculturalizados, políticos, jueces, sacerdotes y capitanes del mato, además de entidades mitológicas de la fauna amazónica y personajes de la historia de Brasil, que irrumpen como verdaderos fantasmas en plena floresta.

Sousândrade recuerda que “la transformación de Jurupari, de Dios pagano en demonio, fue obra y gracia de los catequistas”.  E añade:  

 - Como en la mayoría de los casos, no podían extirpar las creencias indígenas cimentadas en varias generaciones, se aprovecharon de ellas como vehículo. En el caso de Jurupari fue más fácil transformarlo en Satanás que negar su existencia.

Si en Tatuturema la degradación de su semejante provoca en el joven Inca un sentimiento de indignación y dolor, en el episodio del Infierno de Wall Street el Guesa termina siendo asesinado por los estafadores y especuladores de la Bolsa de Nueva York.

La estrofa 6 del poema proveyó el título a uno de los trabajos del proyecto: “Eran días de estanco/ De las conquistas de la Fe/Por salvar tanto impío/Gentío…/Maranduba, Abaré”, que fue construido con el propósito de representar el largo proceso de la colonización impuesta por la cultura Europea sobre los habitantes del Nuevo Mundo.

                                                                  Sérvulo Siqueira    

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